Valencia, entre moderna y rancia

Políticos y artistas dan su visión de la ciudad tras clamar al cielo un sector católico por filmes de hace 30 años

FERRAN BONO – Valencia – 08/12/2002
El País

¿Es rancia? Sí, podría haber contestado un visitante ocasional de la ciudad a tenor de algunas informaciones publicadas en la última semana con letras muy grandes. Titulares que han dado cuenta de los sarpullidos religiosos provocados por la inclusión en un ciclo de la Mostra de València de películas como El último tango en París, de Bertolucci, La religiosa, de Rivette, o Yo te saludo María, de Godard, las dos primeras con más de 30 años. Varios colectivos católicos, el arzobispo de , Agustín García Gasco, y también el presidente de las Cámaras de Comercio, Arturo Virosque, han clamado al cielo por la “provocación” que ha “herido” sus creencias religiosas. Vista la proyección mediática que han tenido los intentos de censura disfrazados de petición ecuménica de respeto, el arzobispo ha reiterado sus críticas, dirigidas al Ayuntamiento de , gobernado por Rita Barberá, por ser el organizador del festival. Ante un foro de fieles y en relación a la polémica, García Gasco advirtió hace unos días de que a su Virgen no la toca nadie.

Alborch apunta que lo rancio aflora cuando gobierna la derecha

Ciscar dice que la burguesía valenciana no es rancia: es divertida y moderna

Parece, sin embargo, que la ciudadanía no se ha perturbado en exceso por este episodio que deja un sabor a rancio, como ese regusto que impregna a las cosas antiguas y a las personas apegadas a ellas. Quizá ese supuesto visitante ocasional se haya marchado de la ciudad con ese resabio. Pero ¿qué opinión tienen algunos artistas, políticos o críticos de su ciudad? ¿Es rancia Valencia? Preguntas formuladas a bote pronto que dan pie a comentarios de muy diversa índole.

“Valencia de força que té no es meneja”, responde, recurriendo al refranero popular, Daniel Nebot, Premio Nacional de Diseño y uno de los responsables de La Nave, el estudio de diseñadores que paseó por el mundo en los años ochenta una imagen de gran dinamismo y modernidad asociada a la ciudad. Nebot se explica: en Valencia hay talento para generar idea nuevas, pero no siempre “se sabe muy bien el significado de la palabra integridad. La cultura está al lado del poder”.

Sorolla es un símbolo y el artista valenciano más apreciado por los ciudadanos, de acuerdo con las múltiples exposiciones que se le dedican y al numeroso público que arrastra. “Ocurren cosas importantes fuera de tiempo. Nadie duda del espléndido pintor que fue Sorolla; poca gente maneja la luz como él; sólo pasa que cuando él trabaja Picasso está pintando Las señoritas de Avignon”, apostilla Nebot.

El ex director artístico del IVAM, un hito de la modernidad de Valencia, y próximo director de la Tate Modern de Londres, Vicent Todolí, dice que es demasiado. “Rancio deja un regusto desagradable, creo que es muy fuerte aplicarlo a Valencia. Me llegan noticias de la ciudad y claro que hay grupos rancios, posiblemente islotes, que intentan impregnar su olor insoportable a los demás. Recuerdan tiempos pasados. Pero Valencia tiene mucho flujos y reflujos. No es rancia”.

El pintor y directivo del Círculo de Bellas Artes, Álex Alemeny, considera que Valencia “no está mucho por el progreso”. “Es muy superficial”, añade, “y por otra parte muy autocrítica; las fallas no se podrían concebir sin ese sentido autocrítico. “Es muy difícil avanzar, no hay tampoco el chouvinismo de nuestros vecinos o primos, los catalanes”, añade.

“¿Rancia? Taxativa y tajantemente, no”, asevera el escultor Ramón de Soto. A su juicio, la ciudad “no se ajusta a la imagen de rancia: al contrario, es divertida, viva, babilónica, liberal, maravillosa, abierta y cosmopolita. Rancia podría ser la burguesía de Bilbao, que se muda los domingos, o la de Zamora”. Y agrega el también vicepresidente del Consell Valencià de Cultura: “Valencia y sus ciudadanos viven la contemporaneidad desde lo local”. Al respecto de la Mostra, defiende el respeto a todas las creencias.

Daniel G. Andújar ha creado un portal valenciano de discusión cultural que ha recibido más de 330.000 visitas en menos de un año. El artista multimedia utiliza el término cutre. “No se puede generalizar. La política cultural, por ejemplo, es desde luego tacaña con propuestas autónomas, ejerciendo un poder político excesivo sobre cualquier manifestación. El excesivo protagonismo personal y la capacidad de control de figuras políticas como Concuelo Ciscar dibujan el icono perfecto de esa cutrez cultural que ha acabado por anegarlo todo”. Sin embargo, Andújar ve que “el contexto está cambiando” y despierta “de la amnesia producida por la mercadotecnia política”.

Desde el lado de la moda, el crítico y periodista Josep Lozano anota de Valencia: “Rancia, por lo vieja, no llega a serlo; algunos lo quisieran, pero aquí los blasones no se exhiben. En el sentido más cutre, tampoco. Valencia ha sido es y será que una ciudad que tiene la mala costumbre de nadar en las aguas de la comodidad”. Lozano prefiere usar el adjetivo coent para referirse a la moda y a las personas.

El escritor Martí Domínguez evoca a Motserrat Roig y su definición de Joan Fuster como un Diderot de poble. “Pues Valencia está llena de Diderots de poble con proyectos enciclopédicos”, arguye. Pero hay muchas Valencias que batallan para definir un modelo y cada una de ellas vive aislada, explica al tiempo que subraya la existencia de numerosas revistas culturales valencianas de elevada calidad que convierten a la ciudad en un referente. Ya también hay un mundo muy kitsch y coent.

También la ex ministra socialista de Cultura y ex directora del IVAM, Carmen Alborch, destaca la multiplicidad de Valencias. “Hay una Valencia moderna y transgresora, mientras que la Valencia más rancia responde mucho a la época en que surge y aflora”, indica en relación al actual gobierno autonómico y municipal del PP.

“¿Rancia? En absoluto”, tercia la subsecretaria de Promoción Cultural, Consuelo Ciscar. “Valencia es moderna y abierta a las vanguardias. Es muy hospitalaria y arropa a la gente que viene. La burguesía es abierta y divertida, no es rancia, como la de otras ciudades”, concluye.

La presidenta del Palau de la Música, Mayrén Beneyto, constesta: “Creo que muchas veces va por delante la obra política, la gente que está creando la ciudad, a la sociedad. Tenemos que atraer a la sociedad para que se una a los numerosos proyectos a infraestructuras culturales, en los que somos número uno”. Beneyto no considera rancia la ciudad, pero insiste en que la punta de lanza son los políticos y los artistas, como Manuel Valdés o Miquel Navarro.

El candidato a la Generalitat del PP, Francisco Camps, rechaza también esa idea de rancia. “La ciudadanía es muy abierta, vanguardista y moderna”. Y sostiene que en los 12 años de gobierno del PP (contando el Ayuntamiento y en la Generalitat) se ha conseguido una infraestructura cultural de un alto nivel de modernidad para “tener una ciudad a la altura de sus ciudadanos”. Valencia es “plural y viva”, zanja la cuesitón.

El secretario general del PSPV, Joan Ignasi Pla, no ve Valencia rancia. Ve “determinada gente muy significativa rancia”, pero los ciudadanos son abiertos. Pero ese “sector anclado en el pasado” se manifiesta en la evolución de la Mostra, que ha perdido los elementos de modernidad de su origen y ahora sólo sirve de escaparate para lucir las mejores galas de los políticos de turno, añade.

El líder del EU, Joan Ribó, estima que la ciudad no es rancia, pero sí lo son García Gasco o Virosque, y otra “gente con poder”. La ciudadanía es abierta y moderna, pero el “sector hegemónico da alas a los más rancios”, concluye.

El presidente del Bloc, Pere Mayor, considera que Valencia “no está a la altura de las circunstancias; no hace valer que es la tercera capital del Estado” y abunda en el desconocimiento que hay de la ciudad y su falta de imagen.

José María Chiquillo, presidente de UV, dice que Valencia debe “asumir su papel de capital dentro de la comunidad y tener más empuje y protagonismo”.

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