Dispositivos estéticos de participación social

Olot X-devian

Espai Zer01
El del Museu Comarcal de la Garrotxa lanza una atrevida apuesta con su ciclo “”, que abre Daniel G. Andújar con una instalación que sorprende por su creatividad
El proyecto cuestiona, mediante la parodia, un arte a la medida de las instituciones y del mercado
Suplement Culturals.
Y ROC PARÉS – 28/01/

“Dimensions variables” es el título del ciclo recién inaugurado en el Espai Zero1 del Museu Comarcal de la Garrotxa en Olot. El ciclo está compuesto de dos exposiciones, la primera consagrada al valenciano Daniel G. Andújar y la siguiente, del andaluz Pedro G. Romero, que será inaugurada a finales de febrero. A la hora de diseñar el ciclo, los responsables de éste, y Valentín Roma, se han ceñido a tres firmes propósitos: en primer lugar, tener en cuenta las particularidades de una ciudad como Olot y su condición periférica, pero también el incipiente germen activista existente en la ciudad (nos referimos en el caso de la exposición de G. Andújar al colectivo Olot Wireless). Por otro lado, los artistas seleccionados para “Dimensions variables” encajan en el perfil de lo que sus organizadores consideran “independientes”, creadores que supuestamente trabajan al margen (o en los márgenes) de los intereses institucionales y ajenos (o acaso sólo críticos) a las órbitas expositivas comerciales. Por último, “Dimensions variables” tiene como objetivo la resistencia a la simplificación que conlleva la turistificación, un movimiento preocupante en la Garrotxa y tristemente paralelo a lo ocurrido desde el desarrollismo en la Costa Brava.
La propuesta “Individual Citizen Project TM” es a la vez una instalación y el lanzamiento de un CD-Rom que, bajo el título “”, contiene una distribución del sistema operativo Linux, así como algunas aplicaciones informáticas de código abierto. La instalación juega a defraudar las expectativas del típico espectador de museo y pone en cuestión el propósito, el tiempo y el espacio de la visita a una exposición. Con este planteamiento, deudor de la deconstrucción analítica y de las denuncias conceptualistas de los setenta, G. Andújar profundiza en la línea de sus trabajos anteriores, donde las reminiscencias de Muntadas o el Grup de Treball son actualizadas con las problemáticas específicas de la mediatización y la globalización. La interesante propuesta de G. Andújar busca la participación social al involucrar al visitante en la manipulación de los recursos técnicos que se ponen a su disposición, como si de un taller de trabajo se tratara. ¿Se consigue esta interacción? Pasemos a recorrer las tres salas en que se articula la instalación.

La instalación sorprende a su entrada con una primera sala enmoquetada, brillantemente iluminada y llena de los elementos persuasivos propios de una campaña de lanzamiento de un sistema informático comercial. Logotipos y colores corporativos nos invitan al consumo del producto, el paquete informático X-devian. Éste se encuentra dentro de una vitrina junto a la cual presentadores televisivos pregonan las excelencias desde un monitor de vídeo. Este vídeo promocional ha sido construido por el artista mediante la apropiación de fragmentos de anuncios de Macintosh. Su pregón tecnoeufórico rompe el silencio de la sala del museo. X-devian es presentado, así, siguiendo los cánones publicitarios de incitación al consumo tecnológico desenfrenado y acrítico. En la pared unos rótulos de vinilo recuerdan que estamos en una exposición de Daniel G. Andújar en el espai ZERO1 del Museu Comarcal de la Garrotxa, con el patrocinio de Fundació Caixa Catalunya, organizada por el Institut de Cultura del Ayuntamiento d’Olot y la colaboración del Departament de Cultura, Olot Wireless y la corporación ficticia que el propio artista creó hace años bajo el nombre de .

Desde esta sala, se accede a una segunda presentada como la trastienda de la primera. Como si de un lugar clandestino se tratara, sin moqueta y en penumbra, manuales de programas pulcramente impresos cuelgan de la pared a disposición del público, y una serie de elementos de la cultura “cracker” como móviles destripados o una tarjeta de Canal+ pirateada, reposan sobre una gran mesa de taller. En esta silenciosa sala se han instalado seis ordenadores que funcionan con el sistema X-devian. Los puntos de trabajo revelan una concepción del espacio expositivo alejada de la convencional, puesto que no requiere del visitante una actitud meramente contemplativa, sino que promueve el uso.

Acabemos nuestro recorrido como espectador convencional en la tercera sala, quizá la parte más críptica de la instalación. Una sala de conferencias, a la que se accede por el lugar del orador, coloca al visitante de pronto y como colofón ante una sala llena de sillas vacías, invitándole a poner en crisis su papel contemplativo para involucrarle en una ceremonia de simulacro sobre la liberación global de la información.

Si en nuestro camino de vuelta hasta la entrada recapitulamos, es posible que la escenificación cuidadosamente planificada de la sala de conferencias y el taller de “hackeo” se nos antoje una mera representación que sugiere, pero no permite la participación que plantea. Sin embargo, también es cierto que G. Andújar es sabedor de que su público no será específicamente artístico, y que el usuario habituado a trabajar en esta dirección hará una lectura de este espacio más pragmática. Por tanto, una cuestión referencial alude a si es la sala de exposiciones el lugar adecuado para ubicar esta suerte de taller informático.

En definitiva, G. Andújar asume así el papel de artista como facilitador de la información. Con esta dinámica que se aproxima a la parodia del cuadro dentro del cuadro cuestiona la vigencia y necesidad de una producción artística a la medida de un modelo expositivo. Con su propuesta social, García Andújar sigue retando tanto a las instituciones como al mercado a mantener su incesante incorporación de nombres, que como el suyo, emergen con fuerza en el panorama internacional muy a pesar de políticas culturales tan deleznables y populistas como las que promueve el PP de Valencia. Estaremos atentos para escuchar a los comisarios de este interesante ciclo en sus balances finales para saber hasta qué punto la participación social que se busca en esta propuesta legitima este tipo de trabajo que se mantiene aparentemente equidistante del mundo del arte y de la cultura hacker. Dos mundos que se resisten a poner en obra los puentes que algunos teóricos dibujan con la esperanza de resucitar el humanismo a golpe de evangelizaciones tecnófilas.

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