De arte e instituciones

José Luis CLEMENTE, elcultural.es 24-30 Julio

, Comisario: A. de los Ángeles. Sala . Alboraia, 5. . Hasta el 30 de septiembre.

¿Cómo hacer una exposición sobre el cuestionamiento de la relación entre artista, institución, obra y público? ¿Cómo poner sobre la mesa estos aspectos sin dejar de mostrarlos y, por lo tanto, representarlos en el espacio físico de un museo o un centro de arte? ¿Es el arte contemporáneo, con sus numerosas aportaciones y confluencias con materias sociales como la política, la sociología, la antropología o los medios de comunicación…, el vehículo idóneo para entender mejor la sociedad contemporánea? Estas son algunas preguntas a las que da vueltas el proyecto Herramientas del arte. Relecturas, ideado por , y en el que participan Isidoro Valcárcel, y Daniel G. Andujar. El proyecto tiene la pretensión de ir más allá de una simple exposición y convertirse en un foro de debate. Y es que, efectivamente, son demasiadas preguntas para poder ser respondidas en una exposición.

El planteamiento de la muestra –según sus responsables– consiste en reflexionar sobre todos los agentes que intervienen en el proceso de creación, exposición y especulación artísticas. Para ello, los artistas se han puesto de acuerdo en la realización de una gran instalación en la que prácticamente se disuelve la autoría. Isidoro Valcárcel presenta S/T (Sobre el arte cultural) consistente en la instalación de diversos archivos en los que se registra cada una de las instituciones artísticas existentes en España. En torno a este trabajo, Rogelio López Cuenca y Daniel G. Andujar plantean un recorrido fotográfico en el que se documentan inauguraciones, visitas a exposiciones, portadas de revistas, etc., así como una proyección en la que el arte está en el punto de mira del cine y los medios de comunicación.

De ese modo, esta exposición trata de poner en cuestión la labor del artista, su papel en el entramado artístico y social, y sus relaciones con las instituciones culturales. La cuestión de la institucionalización del arte fue problemática central del arte ya en los setenta, tanto como la asunción de determinadas posiciones políticas. Proyectos como Incide (Centre of Guggenheim) de 1971 de Daniel Buren o Shapolsky et al. Manhattan Real Estate Holdings, a Real-Time Social System, as of May 1, 1971 de Hans Haacke, junto a otros muchos en aquellos legendarios años, demostraron el reto que suponía la concepción radical de que la información podía ser arte, así como la capacidad que todavía podía ofrecer el arte para desenmascarar sus vínculos con el poder, trabajando desde las tripas de la propia institución.

Desde entonces, siguiendo la estela del dadaísmo, numerosos artistas han tratado de producir obras indigestas para un estomago acostumbrado a asimilarlo todo. La cuestión es si se ha conseguido invertir una situación que se asienta en la definición misma de arte moderno, o si, como apuntaría Danto, de lo que se trata es del fin del arte, y de trabajar bajo otros parámetros que se llamarán arte o no. “La idea de modernidad –señala Gablik– ha agotado su período de duración. Su legado nos exige que miremos ateniéndonos a su propósito y no a su estilo, si queremos lograr que la concepción personal se transforme de nuevo en responsabilidad social. ¿Ha fracasado la modernidad? Puede que no podamos responder a esta pregunta mientras no rectifiquemos los parámetros con los que valoramos no sólo la felicidad y la desdicha, sino también el éxito y el fracaso”.

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