Cataluña muestra su cultura polifónica en la Bienal de Venecia

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Tresserras y Carod Rovira defienden la complejidad y el rigor del pabellón catalán

C. SERRA – Barcelona – 06/06/2009
El País

“Estoy muy satisfecho porque, aunque siempre ha habido artistas catalanes en la Bienal, por primera vez tenemos un pabellón propio en Venecia”, comentó ayer Josep Lluís Carod Rovira, vicepresidente de la Generalitat, en la presentación de La comunitat inconfessable, título de la exposición con la que se estrena el pabellón en este gran evento artístico que abrirá mañana sus puertas al público hasta el próximo 22 de noviembre. “Esto nos permite contar con una visibilidad internacional de primer nivel de un momento de las artes plásticas de nuestro país”, añadió Carod, para quien “el arte no tiene patria, aunque puedan tenerla los artistas”.

Lo dijo de las preguntas, algunas extrañas, sobre la participación en la exposición de dos artistas que no son de origen catalán (Pedro G. Romero es andaluz aunque muy conectado con la escena artística catalana y Daniel García Andújar nació en Almoradí, Alicante, si bien reside en Barcelona desde hace años). “El arte no tiene lenguaje, tiene lenguajes, y aquí lo que mostramos es una mirada al arte desde Cataluña, pero sin poner límites territoriales ni conceptuales”, añadió Carod, para quien no es comparable la presencia en la Bienal con la que hubo cuando la cultura catalana fue invitada a la feria de Francfort.

Sobre el contenido del pabellón, consideró: “No es una manifestación convencional ni clásica, sino un observatorio del actual momento del arte más innovador” que muestra Cataluña “como un espacio abierto, dinámico, con talante transgresor y, como muestra uno de los proyectos, incluso iconoclasta”.

La exposición -tres proyectos de Sitesize (Elvira Pujol y Joan Vila-Puig), Daniel G. Andújar y Pedro G. Romero- se complementa con un libro con textos teóricos de diferentes autores (de Maurice Blanchot a Girogio Agamben o Marina Garcès) y una web (www.lacomunitatinconfessable.cat) que incluye reflexiones de muchos escritores y filósofos sobre los temas de fondo que plantea el pabellón, desde el futuro de las izquierdas en estos momentos de incertidumbre hasta la memoria histórica, el archivo o lo comunitario en el arte. Según el consejero de Cultura, Joan Manel Tresserras, “lo más destacable es la voluntad de rigor y de densidad intelectual de estos proyectos, que espero que incentiven la reflexión”.

De momento es pronto para conocer la acogida que tendrá la propuesta catalana en los medios internacionales, pero las visitas son constantes y los comentarios suelen ser positivos. El comisario era consciente de que ésta era una apuesta fuerte en una bienal en la que abundan y copan las portadas las obras espectaculares fáciles de ver en un vistazo. Los tres que se presentan, en cambio, precisan tiempo y, como dice Muntadas en su anterior presencia en la Bienal, su “percepción requiere participación”. “Son artistas que trabajan con otras metodologías que no son la estética ni la formal, por lo que resultan difíciles de ver en el mercado y en los museos”, explicaba estos días el comisario artístico Valentín Roma a la puerta del Magazzino della salle, frente al canal de la Giudecca.
Sin apología

El montaje, en un viejo almacén de sal, ha tenido el inconveniente de que no podía anclarse en las paredes al ser éste un espacio patrimonial, pero se ha solucionado con tres estructuras exentas, una para cada proyecto, que dan claridad a los proyectos y facilitan su lectura. De hecho, todo el pabellón se ha planteado como un gran archivo o biblioteca (con vídeos, ordenadores, documentos, libros, fotografías, paneles y otros materiales) que permite al visitante conocer a fondo cada propuesta. Con todo, hay algunos elementos visuales potentes, como los dos montajes de Andújar con fotografías y vídeos sobre los principales acontecimientos históricos vividos entre 1989 y 2001, y piezas de arte portables, como el póster editado por Sitesize sobre la Semana Trágica. Y, en palabras del comisario Valentín Roma, “si alguien se esperaba una apología de la catalanidad no la encontrará. Hay una mirada al territorio simbólico catalán desde una posición compleja y crítica”. Y es que, por ejemplo, en un vídeo puede verse a Manel Delgado reflexionando desde el Carmel sobre el modelo Barcelona o encontrarse con unos auriculares en los que en un castellano con acento andaluz se recita El mercader de Venecia.

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