EL OJO BREVE. La fragancia del artificio

EL OJO BREVE
La fragancia del artificio

Periódico REFORMA, 28 Oct. 09

“Yo uso perfume para ocupar más espacio”, Exposición colectiva curada por Willie Kautz. Museo Carrillo Gil, Ave. Revolución 1608, San Angel. Hasta 3 de febrero 2010.

“Yo uso perfume…” es una muestra que debe apreciarse con una mezcla de enojo, gozo, concentración, risa, cinismo, complicidad e impaciencia. Aunque esto mismo no es una afronta especialmente original, Willie Kautz ha creado un montaje permeado de exceso.

Desde que arriba a la sala, el espectador se ve sumergido en un despliegue de representaciones banales, kitsch o fallidamente trascendentales “del artista”: desde las fotos de sociales donde la familia real española rinde pleitesía al retratista, hasta anuncios comerciales basados en “el genio pictórico”, pasando por elefantes y changos pintando y poses especialmente enfadosas de post-conceptualistas latinos. No es sino al final de ese mar de iconos que el espectador comprende que la colección es parte de El arte de la seducción (2008), un proyecto de Daniel Andujar y Rogelio López Cuenca, que se completa con un diaporama y un video que compila la interminable estupidez con que la noción de arte y la figura del artista circulan en los medios del arte español. La obra debiera ser un objeto de reflexión para quienes en lugares como México añoran colonizadamente restaurar el rol pintor como demiurgo del oficio y el espíritu, sin sacar consecuencias del fantoche de su función en el entrecruce de nacionalismo y capitalismo.

Esa obra desata en la sala de exhibición un collage continuo de imágenes y objetos, donde anidan otras ironías y parodias del campo artístico, subordinadas a una fenomenología circense y glotona. Obras como Pintor (1995) de Paul Macarthy exploran el fondo infantil, anal y descerebrado de la tradición del expresionismo abstracto americano, en tanto Escenario (2005), la hermosa animación de Gabriel Acevedo Velarde, explora la orquestación social de la fama. Ambas contrastan con parodias sociales mucho más directas (o más elementales) como el infomerciales de Julieta Aranda sobre Real art (2004-) -una supuesta compañía de management y comercialización estética- y la escenificación del terror-deseo del artista tercermundista (Contemporary Artist, 1999) que Ximena Cuevas produjo al ensayar histéricamente en un baño del Museo cómo introducirse al curador John G. Hanhardt. Bajo el pretexto temático de apelar a “la crítica institucional”, Kautz ofrece obras que oscilan en torno a la obsolescencia, putrefacción o ofuscación que involucra la herencia de la noción romántica del artista. En ese sentido, quizá la pieza más incisiva es el video Dandy (2006) de John Bock, que escenifica una dialéctica perversa entre el Conde-artista y la musa-sirvienta del romanticismo alemán, en una serie de acciones que combinan el manejo fetichista del objeto, la profusión de una pseudo teoría heideggeriana-kierkergardiana-beuysiana, y un delicioso gusto centroeuropeo por el pathos.

Esta es una curaduría contaminada de excentricidad y afectación, es decir, de dandismo: es difícil distinguir obra de arte de artefacto comercial, recopilación sociológica y chiste teórico, pero sobre todo marcar una clara delimitación entre el rol del curador como mediador intelectual, y la identidad del artista como agente que interviene los signos. En efecto, el curador opera como un postproductor que absorbe postales, juguetes, películas, mercancías y obras de arte, como medios de un género de espectacularizado de estudios culturales. La suma de infracciones que Kautz lleva a cabo (la falta de identificación de sus filmes, la broma de un espacio pseudo-didáctico presidido por una rueda de bicicleta colgada del techo, la inmodestia de editar un cuadernillo que antologa sus ensayos) llega al paroxismo de colgar un par de pinturas de Orozco y Siqueiros encima de un papel tapiz de autorretratos, como para contradecir una frase de Boris Groys: “El curador puede exhibir, pero no tiene la habilidad mágica de transformar no-arte en arte a través del acto de montaje.” Ciertamente, el curador ha hecho todo lo que no se debe hacer… pero lo ha hecho espléndidamente.

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