¿Cómo representar el mundo después del 11-S?

El siglo XXI está marcado por aquello que cae y por el acto en sí del desplome, que siempre ha sido -incluso antes de las Torrres Gemelas- todo un reclamo del mundo artístico

Lucía Lijtmaer @lalitx 10/09/2014 eldiario.es

“Una verdadera obra de arte” espetó el artista Damien Hirst al diario The Guardian sobre los ataques terroristas del 11 de Septiembre de 2001. Y no lo soltó y salió corriendo. Se explayó: “Hay que concederles [a los terroristas] que lograron algo que nadie consideraba posible, especialmente en un sitio tan enorme como Estados Unidos. De alguna manera, estaría bien felicitarles, no hacerlo es peligroso. Se trata de una obra de arte por derecho propio, creado para tener un impacto por sí mismo”.

Corría el año 2002 y Hirst tuvo que disculparse, poco tiempo después, por el impacto que tuvieron sus declaraciones. Acostumbrado a buscar la polémica, Hirst recuperó la imagen del 11-S como la orquestación como algo estético, una fiesta terrorífica.

Trece años más tarde, y sin Damien Hirst atreviéndose a teorizar al respecto, recuperamos tres aproximaciones al tiempo que orbita alrededor del ataque contra las Torres Gemelas, ya sea de manera directa o tangencial.


Antes: el pasado como archivo

Si alguien ha trabajado sobre cómo ha cambiado la concepción del mundo de las sociedades occidentales en los últimos años es Daniel García Andújar. El artista visual, teórico y activista prepara su primera gran exposición en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid para enero de 2015, que incluirá uno de sus proyectos más conocidos, Archive 1989–2001, en sí germen de la exposición.

Postcapital se centra precisamente en el periodo comprendido entre 1989 y 2001, entendiendo que el lapso comprendido entre la caída del muro de Berlín y los ataques al World Trade Center comportan no lo que se bautizó como la llegada del postcomunismo sino del postcapitalismo. ¿Cómo ha mutado esa era postcapitalista sin su contrapartida comunista? García Andújar entiende que el paso de la economía de producción a la economía de la información debe ser radiografiado, ya que vivimos en un proceso de digitalización que acaba de empezar. A través de la creación de un archivo con más de 250.000 documentos compilados desde Internet durante una década, se busca entender cómo hemos pasado de visitar un archivo a vivir insertados dentro de él.


Durante: qué fue de Nueva York

Las torres atravesadas como mantequilla. La representación, una y otra vez de esa imagen. Los ataques del 11-S fueron uno de los acontecimientos más fotografiados de la historia, pero siguen estando infrarrepresentados en el discurso cultural del arte contemporáneo. Esa es la premisa de Peter Eleey, que reunió más de 70 obras de 41 artistas, muchas realizadas antes del acontecimiento, en una exposición en MoMA PS1, de la que se ha editado el libroSeptember 11.
Artistas de la talla de Diane Arbus, William Eggleston o Bruce Conner extrapolan lo ocurrido durante el 11 de Septiembre, del hecho en sí y obligan al espectador a admitir cómo el evento y lo que vino después han modificado la subjetividad y cómo concebimos el mundo a nuestro alrededor. “Después de los ataques continuábamos viendo las torres en todas partes”, dijo Eleey, al respecto de la exposición.
De entre todas las piezas, quizá la más inquietante sea la instalación Dawn Burn (1975), de Mary Lucier. La artista apuntó la cámara hacia el amanecer sobre el East River. Esto dañó el objetivo, por lo que cada imagen grabada posteriormente contenía las cicatrices de un acto anterior. Esas marcas, omnipresentes, sobre cualquier otra imagen posterior se presentan como una premonición extraña, oscura, de nuestra mirada ante el paisaje.

Después: la caída como metáfora
Tsunamis, derrumbes, accidentes aéreos y cracks bursátiles: el siglo XXI está marcado por aquello que cae y por el acto en sí del desplome. El muro de Berlín, las Torres Gemelas, el accidente del Concorde, la ola gigante en Japón…todo se concentra en lo mismo, un torrente de materia que se nos viene encima. Como una suerte de Titanic de los ideales, el desencanto se cierne sobre un siglo que comienza con el deterioro.
Esta es la idea detrás de Everything must fall, la exposición del Palais de Tokio, en París, en la que el 11-S adquiere una gran importancia para entender todo lo que vino después. Las sucesivas caídas se revelan como actos de desplome de ideología y de certeza, pero también que abren posibilidades para lo nuevo. A través de obras de Jimmy Robert, Lola González o Steve McQueen vemos, por ejemplo, la decrepitud de un capitalismo que merece ser sustituido, la libertad que permite rodar cuesta abajo o cómo reinterpretar la caída a través del homenaje.

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