El artista que ‘hackea’ el museo

daniel g. andújar sorprende en el reina sofía

Pieza incluida en la sala de ‘Hackers y anarquistas’.

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En la era del conflicto el artista quiere recuperar el papel político que le fue arrebatado, para cambiárselo por un envoltorio folclórico que ha caducado en los días de la urgencia y la acción. La reivindicación late en la calle y se revaloriza en el mercado y los museos de arte contemporáneo, que fagocitan las energías reivindicativas de las propuestas más críticas con la decadencia de la sociedad. Daniel G. Andújar (Almoradí, Alicante, 1966) ha madurado durante más de dos décadas la posibilidad real de la intervención pública del arte. ¿Cuál es el resultado?

El Museo Reina Sofía inaugura y muestra hasta el 4 de mayo cerca de cincuenta proyectos -la mitad de nueva creación-, en los que el artista trata de escapar a la museización y muerte de su actividad, mientras reclama la regeneración de la institución como herramienta regenerativa de la sociedad con la que convive. “Los artistas hemos ayudado a conquistar los espacios de libertad y debemos ayudar a cambiar la estructura institucional de la comunidad. Una casa como ésta [Museo Reina Sofía] debe formar parte del proceso político y social del momento”, explica el artista.

En la visión del arte de Andújar, el creador no sería responsable tanto de la producción de nuevos mundos –escapatorias para no intervenir en la cruda realidad- como del cuestionamiento de la realidad para hacerla menos cruda y más democrática. Esta tarea le obliga a repensar el mecanismo narrativo de la exposición en el museo y de la participación del espectador en ella. Asegura que ha tenido mucho cuidado en la selección de las piezas, tarea que ha compartido con Manuel Borja-Villel, comisario y director del museo. La intención era mostrar aquellas que mantuvieran el eco, porque Andújar habita en régimen de actualidad, navegando entre la caducidad y la anticipación.

Oligarquía cleptómana

Precisamente, llama la atención que la mayoría de las piezas antiguas incluidas se adelantaran a los titulares de nuestros días, como La cultura del ladrillo (de 2004) y Objetos de deseo (de 2010), dos reflexiones sobre la “oligarquía cleptómana” en la que se ha convertido la clase política gracias al pelotazo inmobiliario. Como reconoce a este periódico, “las generaciones anteriores hemos vivido en un limbo”. “Espero que la crisis nos traiga una nueva generación de políticos”, apunta al cambio.

De hecho la cartela que acompaña la irónica pieza Objetos de deseo (un edificio de cristal en una maqueta de una colina construida con billetes de 100 y 500 euros) es bastante directa contra eso que ahora se populariza como casta: “Una cultura que socava el sistema democrático desestabilizando la economía a costa de los ciudadanos. La generación de políticos que la sostiene ha cambiado sus ideales y visiones políticos por una avaricia y unas pretensiones consumistas banales. Se gasta el dinero robado en objetos de lujo como Rolex y bolsos de Louis Vuitton para deslumbrar con su estatus de clase alta adquirida ilegalmente”.

Pero antes se recuerda otras series en las que cuestiona el ciberfetichismo para mostrar el control total de la población a través de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. En el catálogo, el filósofo José Luis Pardo explica este ingrediente específico del trabajo de Andújar: “La distancia irónica –a veces sarcástica- con la que se protege contra la ideología que genera la tecnología, no solamente la ideología del control total, que siempre fue una fantasía tecnocrática, sino la de la transparencia y la comunicación abierta e ilimitada en una suerte de asamblea general universal de la humanidad emancipada”. Es decir, está en la corriente, pero contra la corriente.

De hecho la cartela que acompaña la irónica pieza Objetos de deseo (un edificio de cristal en una maqueta de una colina construida con billetes de 100 y 500 euros) es bastante directa contra eso que ahora se populariza como casta: “Una cultura que socava el sistema democrático desestabilizando la economía a costa de los ciudadanos. La generación de políticos que la sostiene ha cambiado sus ideales y visiones políticos por una avaricia y unas pretensiones consumistas banales. Se gasta el dinero robado en objetos de lujo como Rolex y bolsos de Louis Vuitton para deslumbrar con su estatus de clase alta adquirida ilegalmente”.

Pero antes se recuerda otras series en las que cuestiona el ciberfetichismo para mostrar el control total de la población a través de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. En el catálogo, el filósofo José Luis Pardo explica este ingrediente específico del trabajo de Andújar: “La distancia irónica –a veces sarcástica- con la que se protege contra la ideología que genera la tecnología, no solamente la ideología del control total, que siempre fue una fantasía tecnocrática, sino la de la transparencia y la comunicación abierta e ilimitada en una suerte de asamblea general universal de la humanidad emancipada”. Es decir, está en la corriente, pero contra la corriente.

Cuestiona la exclusividad de las imágenes y su copyright, cuestiona el acceso ilimitado a los materiales culturales, cuestiona internet como nuevo escenario público, cuestiona las prácticas creativas de resistencia de software libre y la percepción del hacker como un anarquista.

Violencia de Estado

Y de la cultura de las nuevas viejas tecnologías a la de la violencia. Posiblemente, las tres salas dedicadas a la represión policial y la muerte como producto comercial sean las que retumben con más fuerza. Las piezas Games Killer (2014), Games Real (2014), Arquitecturas (2014), Golpead a los blancos con la cuña roja (2014), Armed Citizen (1998-2006), Infiltrados (2014) y el kit de antidisturbios metido en una caja de madera son la esencia de las pretensiones artísticas de Daniel G. Andújar: la batalla por la toma del espacio público, represión y reflexión democrática.

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