EL CAPITAL. LA MERCANCÍA. GUILOCHÉ. Casa sin fin Galería

guiloche

 

El guilloché (o guilloche) es una técnica decorativa en la cual un patrón de diseño repetitivo y complejo es grabado mecánicamente en un material con gran precisión y detalle. Comprende, en concreto, una serie de técnicas de torneado mecánico llamadas guilloché en francés, en referencia al ingeniero francés Guillot, quien inventó una máquina “que podía grabar patrones y diseños precisos en superficies metálicas”. Se aplica tanto en numismática como en billetes de banco.

En este nuevo trabajo de Daniel G. Andújar, que forma parte de su último ciclo de obras, titulado El capital. La mercancía, ya no hay apropiación de materiales gráficos preexistentes, pero sí de las técnicas utilizadas por las grandes empresas internacionales que desarrollan, producen y distribuyen productos y soluciones para el pago, la comunicación segura y la administración de identidades. Estas empresas surgieron hace más de ciento cincuenta años a partir de distintos gremios de artistas y artesanos.

Este proyecto utiliza el soporte de un “posible” billete como espacio apropiado para el dibujo (del retrato hasta el paisaje) y la acción. Según señala el propio artista: “Los primeros patrones que realicé tienen un gran parecido con los diseños producidos con el espirógrafo, aquel juguete para niños. El espirógrafo produce curvas matemáticas conocidas como hipotrocoides y epitrocoides. Sin embargo, a fin de preservar su seguridad, es decir, a fin de complicar su falsificación tal y como pasa con los billetes de banco, el proceso se va embrollando con sofisticados guillochés que utilizan complejas ecuaciones hipotrocoides y programas informáticos de cálculo gráfico que interpretan las ecuaciones. Los elementos se van también radicalizando a medida que las técnicas se suceden y solapan. La esteganografía, la suma de verificación, los efectos ópticamente variables, los táctiles, los interactivos y los ocultos, como la marca de agua digital, el hilo de seguridad, la impresión calcográfica, la microimpresión, la Constelación de EURión, los hologramas o las tintas de aspecto variable… Finalmente, los guillochés se tornan orgánicos, las matemáticas llaman al orden social, el hacker habla del cuerpo, lo mecánico es código, la seguridad cuestiona la realidad”.

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